La gente debe desterrar la idea de que los búhos atraen la muerte, que son brujas o que su canto atrae desgracias, pues su voz solo la usan para atraer pareja, llamar a sus polluelos o ahuyentar a otras aves de su territorio, expresó Miguel Ángel San Martín Cruz, estudiante del doctorado en el Inecol.
El especialista en aves rapaces expresó que le han llegado reportes de la UMA La Coruja, donde han atendido búhos con las alas lastimadas o incluso baleadas por gente que los intenta ahuyentar o matar, pues la actividad vocal de esta especie inicia entre 3 y 6 de la madrugada. “En la región de Xalapa existen 3 especies: el tecolote bajeño, la lechuza de campanario y el búho café; este último es el más abundante en la región y el que es objeto de mi investigación”, dijo.
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Búho café da identidad a la región pero ¿por qué es poco estudiado?
Explicó que pese a ser un ave importante y que da identidad a la región xalapeña se tienen pocos estudios a fondo. Solo se hallaron 8 análisis en la bibliografía y algunos de Guatemala, de los cuales unos eran de los años 80; de ahí la importancia de hacer un muestreo para conocer sus hábitos y qué condiciones se requieren para que el búho habite una zona específica.
El muestreo se hizo en regiones de Xalapa, Banderilla y Coatepec con la app Merlín, un programa que reproduce sonidos de aves: “Fueron 300 kilómetros cuadrados de recorrido en 60 lugares, desde el centro y con puntos aleatorios de total urbanización o bosque”.
El también fotógrafo de vida silvestre señaló que llegan a los sitios y ponen los cantos con ayuda de una bocina para ver si los búhos responden, ya que son aves muy territoriales. Si éstos se encuentran en la zona enseguida contestan y se acercan “para ver quién los está molestando”, entonces se registra la presencia, abundancia y se analiza qué condiciones existen en el sitio con ayuda de anemómetros para medir el viento, luxómetros para la luz y también con aparatos para el ruido.
¿Qué factores acaban con sus refugios?
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En meses de trabajo de campo puntualiza que hallaron más de 70 aves, pues en realidad no están en peligro de extinción, pero son poco estudiados por ser nocturnos. “La actividad del búho café comienza una hora después del atardecer y es una especie muy vocal, pues le gusta mucho cantar. Se dedica a cazar roedores, insectos o mamíferos pequeños. Se asocia a bosques y aunque puede estar en zonas urbanas por lo general está asociado a un árbol o vegetación”.
Lamenta el biólogo que las ciudades estén acabando con sus refugios, ya que esta especie habita de forma natural en oquedades de árboles, pero en las zonas urbanas éstos son derribados para evitar daños a la población. No obstante la especie puede adaptarse a otros ambientes como palmeras o bromelias, “incluso en el parque Tecajetes hallamos búhos por la zona de bambús y caños; pero la recomendación es que cuando se poden árboles no los dejen totalmente sin follaje, para que tengan lugar para esconderse durante el día”.
Miguel San Martín explica que en zonas donde hay árboles la gente debe dejarlos anidar. “Se pueden plantar hayas o bromelias”; incluso recordó que unos amigos crearon cajas-nido con hoyos del diámetro de los búhos para que entraran.
Además de la mancha urbana, el ruido es uno de los grandes enemigos de las aves rapaces, ya que éste evita que sus cantos lleguen lejos a otras hembras y entonces tienen que recorrer más territorio que los expone a peligros.
En su estudio “Sobreanálisis de Ocupación”, el estudiante de doctorado puntualiza que cuando llegaban a un sitio y el ruido superaba los 50 o 60 decibeles, era muy probable que no hubiera búhos en la zona.
Y en este momento culminaron la temporada no reproductiva “que corresponde a diciembre, enero y febrero donde solo había machos; falta de mayo a julio con la dinámica reproductiva, pues antes las hembras estaban empollando y no salían a responder”.
Tiempo, paciencia y mucho silencio para ver búhos
El estudiante de doctorado explica que él y su equipo hacen recorridos de entre 5 y 8 horas por cada uno de los 60 lugares que se decidieron en el muestreo. No obstante, para tener datos confiables tienen que hacer 3 recorridos por cada sitio para saber con certeza si hay o no aves.
Investigadoras e investigadores se enfrentan a neblina, viento y lluvia; con horas y horas de recorrido desde el atardecer y hasta las 3 de la mañana todos los días.
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Armados con chalecos antirreflejantes, lámparas de minero y aparatos especializados, explica que siempre piden permiso a todas las autoridades y a vecinos para que sepan con certeza lo que están haciendo; de este modo evitan intromisiones e incluso desconfianza social.
Miguel San Martín explica que para hacer muestreos en la maestría requería fotografiar a las aves, pero la actividad artística le gustó tanto que terminó comprando mejor equipo: “surgió como un hobbie la fotografía y ahora tengo una página personal; he tenido menciones honoríficas e incluso 2 fotos mías salieron en una exposición que hizo la Unión Europea”.
Asimismo, explica que captar imágenes de búhos es complicado porque son pocas las oportunidades para hallar un buen encuadre y que el espécimen esté el tiempo suficiente para “disparar” con la cámara. “Nos ayudamos con linternas. Emitimos los cantos y muchos no se acercan, solo responden, ya que no quieren exponerse a algún depredador, entonces la mayoría no son fotos exitosas”.
Asimismo enfatiza que son respetuosos de los búhos ya que cuando logran que uno se detenga con lámparas de mano se les ilumina:
Tengo los parámetros en la cámara y solo apunto; las primeras veces eran prueba y error, pero ya tengo los ajustes correctos
Para finalizar dice que busca no solo la foto bonita si no hacer conciencia de la vida silvestre, pues entre sus planes está algún día organizar recorridos nocturnos en el Inecol para que la gente admire en vivo a los búhos cafés, ya que “cuando los ves en persona transmiten una paz muy bonita, el ambiente se siente ameno y te sientes protegido”, concluyó.